Por UNAM Global

 

El partido se pierde en la cancha, pero el marcador no se queda ahí: también puede afectar nuestro estado de ánimo. ¿Por qué pasa y cuándo deja de ser una reacción normal? ¿Por qué duele tanto la derrota? La psicóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Angélica Larios, explica cómo gestionar esa derrota que muchas personas vivimos como si fuera propia.

Según Larios, el deporte conecta directamente con nuestras emociones porque también construye identidad y sentido de pertenencia. Por eso una derrota puede doler tanto y, al mismo tiempo, convertirse en una oportunidad para gestionar la frustración sin quedarse en ella.

“’El vínculo que las personas establecen con un equipo o una selección no se limita a observar un encuentro desde las gradas o frente a una pantalla: se trata de un proceso emocional en el que los aficionados sienten que forman parte de algo más grande que ellos mismos’”, dice la académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, según el comunicado compartido por UNAM Global.

“’Identificarnos no sólo con el equipo, sino con un deporte como el futbol, representan un tema de identidad muy fuerte. Aunque en realidad no estás ahí, sí representa un proceso de formar parte de algo’”, explica.

Así que “lo que experimentamos al final de un partido no dependen únicamente del resultado definitivo”, pues según la también responsable del Programa de Psicología de la Actividad Física y el Deporte de la FP, “se trata de una acumulación de sentires que comienza desde el primer minuto del encuentro. Por ello, al llegar al desenlace, las emociones suelen intensificarse. La alegría de una victoria puede transformarse en euforia colectiva y, una derrota, en frustración, tristeza o enojo”.

¿Por qué nos sentimos tristes por un juego?

Un juego es uno de los espacios más poderosos para expresar lo que sentimos, pues conecta con mecanismos relacionados con la supervivencia, el logro y la superación, explica Larios.

“Es una representación o una metáfora de la dinámica misma de la vida, pues un partido implica afrontar una situación o un desafío y eso se engancha con nuestro sistema de supervivencia emocional”.

Por ello, sentir tristeza, frustración, ansiedad o enojo tras un marcador en adverso es esperable. Enojarse o ponerse triste tras una derrota es normal. Lo que debe encender señales de alerta es que dicho estado se prolongue demasiado, advierte la académica. La situación es aún más preocupante si esto repercute en la vida cotidiana y se traduce en aislamiento, desinterés por las actividades habituales o dificultades para realizar tareas diarias.

La violencia asociada al deporte -subraya- debe entenderse como una señal de alerta sobre cómo una persona enfrenta emociones como el enojo o la ira en distintos ámbitos de su vida.

Así, para evitar sentimientos negativos, propone estrategias para vivir la afición deportiva de manera saludable, una de ellas es mantener expectativas realistas.

También apunta hacia el entorno social en el que se ven este tipo de encuentros, al señalar que “hay dinámicas de grupo o de familia que ya de por sí son negativas. Si tu equipo perdió y empiezan las burlas o los ataques, eso genera más emociones negativas”.

Asimismo, recomienda permitir que lo que sentimos siga su curso natural.

Larios considera que, más allá de las victorias y las derrotas, el deporte enseña a enfrentar las frustraciones de la vida. Por ello, considera fundamental que tutores y entrenadores promuevan una cultura deportiva centrada en el disfrute y crecimiento personal, más que en los triunfos.

 

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