Por UNAM Global

 

En México hay más de dos mil volcanes, pero sólo de uno se conoce con precisión el día en que nació: el Paricutín. Sucedió en Michoacán, el 20 de febrero de 1943, a las 17:30 horas, cuando la parcela de Dionisio Pulido, campesino purépecha, comenzó a crujir y entre milpas de maíz surgió el volcán, el único en la historia moderna cuyo crecimiento fue observado desde el primer minuto.

Con este fenómeno natural también inició un registro científico sin precedentes que hoy forma parte del Archivo Paricutín.

A propósito del aniversario de su nacimiento, en esta #Historia UNAM conoceremos curiosidades que esconden las cinco mil fojas, más de dos mil imágenes, placas de vidrio, memorias y reportes resguardados por el Archivo Histórico del Museo de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En ese acervo, existe un documento “de esa tarde… en el que Dionisio cuenta a Felipe Cuara, presidente municipal de San Juan Parangaricutiro, lo sucedido. Ahí se lee que de una gran grieta salían ‘humillos como serpientes’, que se oyó ruido ‘como cuando se destapa una sidra’, que después apareció el fuego y que él huyó aterrorizado”, comenta la plataforma UNAM Global.

La responsable del archivo, Lucero Morelos Rodríguez, comparte que hay muchos relatos más. ‘El presidente municipal y el cura reunieron al pueblo. Siete de los hombres más fuertes fueron a la parcela y regresaron con fragmentos de roca aún calientes. El sacerdote, tras recordar un libro sobre el Vesubio que había en su biblioteca, dijo una frase histórica: ‘Esto es un volcán’”.

El surgimiento quedó asentado, oficialmente, en la presidencia municipal, con lugar, hora, testigos y propietario del terreno.

 

Meses después, en octubre de 1943, “surgió una segunda boca eruptiva que los pobladores llamaron ‘Sapichu’, que significa ‘niño’ en purépecha (desde entonces, al Paricutín comenzaron a decirle ‘volcana’, porque ‘había tenido un hijo).

“Las lavas de ese nuevo cráter sepultaron por completo los pueblos de Paricutín y San Juan Parangaricutiro”, lo que obligó a evacuar a cerca de tres mil personas”. La actividad del coloso duró 9 años. No hubo víctimas humanas.

“Hoy, lo único visible de aquel lugar es la torre de la iglesia que emerge de entre un mar de lava petrificada”, explica Morales Rodríguez, quien señaló que pese a que “esto fue una catástrofe, para las comunidades el Paricutín se convirtió en un imán que atrajo visitantes de todo el mundo, deseosos de ver aquellas erupciones nocturnas que los documentos describen como fuegos artificiales en un cielo estrellado.

“’El Gobierno construyó caminos, se cobraba un peso por el acceso y se generaron volantes informativos, mapas, guías y postales. Había surgido, sin saberlo, uno de los primeros casos de geoturismo en América’”, abunda la investigadora.

 

El registro del nacimiento del Paricutín, en Michoacán, representa un hito para la ciencia geológica del país, ya que, antes de él, la vulcanología no existía como disciplina independiente. Su aparición permitió estudiar, por primera vez, cómo se forma un volcán desde cero.

En la actualidad, es un acontecimiento que forma parte de la memoria de los pobladores transmitida a las generaciones nuevas y es considerado una de las grandes maravillas naturales del mundo, explica la plataforma universitaria.

Por otro lado, te recordamos que el acervo de este coloso está bajo resguardo del Archivo Histórico del Museo de Geología de la UNAM, colección que alberga la memoria geocientífica del país de finales del siglo XIX a mediados del XX.

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